ANTOLÍN PALOMINO Y EL MISTERIO DE SUS PAPELES PINTADOS

Antolin Palomino
Palomino posando
para la foto
El otro día fui a una conferencia sobre restauración de pergaminos, y me encontré con otra charla que no me esperaba. En esa otra charla, una restauradora, sin venir a cuento, comentó que ella compartía sus conocimientos porque era una profesional, no como los artesanos, que se los guardaban para ellos. En oficios como éste de la encuadernación y la restauración, donde se han empezado a estudiar por un sistema reglado por la Universidad, hay ciertos "titulados" que se reivindican menospreciando a aquellos que, aún habiendo trabajado toda su vida en ese ámbito, no disponen del papel que los certifique como especialistas. Me ha pasado en otros ámbitos como la actuación y la escritura, y siempre siento que se trata de una cuestión de sentimiento de inferioridad del "reglado" frente al no titulado. Ya he discutido alguna vez con supuestos "artistas" la diferencia que ellos hacen entre artista/artesano. Yo lo tengo muy claro: un artesano es el que repite una enseñanza sin variarla, y un artista es el que aprende la enseñanza y evoluciona sobre ella, aportando algo propio a sus creaciones. De esta forma, un titulado en Bellas Artes será artesano toda su vida si no hace más que seguir las instrucciones que le han dado en la carrera, mientras que un señor que repuja cuero porque así se lo enseñó su padre en el en salón de su casa es un artista en el momento que coge esa enseñanza y busca su forma particular de expresarse por medio de ella. Cualquier otra distinción, ya sea económica o de título, son un mero autoconvencimiento de que el dinero que hemos pagado por estudiar la carrera tiene un sentido. Ah, por cierto, además de artistas/artesanos, existen los mierdecillas, que son aquellos que intentan venderte la moto sobre lo bueno que es su trabajo, y te enseñan una porca miseria que ni tiene maestría artesanal, ni alma artística. Esos, sencillamente, no son nada.
Todo este preámbulo viene a cuento porque hoy voy a hablar de Antolín Palomino, uno de los más importantes encuadernadores de la segunda mitad del siglo XX en España. ¿Era Palomino un artista o un artesano? ¿Compartía sus conocimientos o no?



Antolin Palomino
Mosaico con hierros
dorados
Antolin Palomino
Portada con hierros dorados
para Palacio Nacional
Yo no llegué a conocer a Palomino, y tampoco creo que me hubiera llegado a caer bien. Era un señor de esos que han tenido una mala infancia y que la utilizan como excusa a lo largo de toda su vida. Sería como la explicación perfecta para su prepotencia y falta de humildad. Esos orígenes explican, bajo mi punto de vista, otros detalles que aparecen en su biografía, como su gusto por los títulos y premios, su fascinación por los poderosos (no todo el mundo puede decir que ha encuadernado un libro a Hitler), y su poco reconocimiento a los que estaban a su alrededor: ni a los maestros que le enseñaron a encuadernar (él se denominaba como "autodidacta", aunque estuvo varios años aprendiendo el oficio en el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús) ni a los encuadernadores que trabajaron para él y que, en silencio, hicieron muchas de las encuadernaciones que luego él remataba y vendía a su nombre (cosa que sé de primera mano).
Antolin Palomino
Guardas en piel con dorado y mosaico
Antolin Palomino
Dos ejemplos de portadas
con complicados diseños
 A pesar de estas pocas cualidades humanas, llegó a convertirse en un artista de la encuadernación, algo indiscutible. Era un genio trabajando con pequeños hierros, y su enorme colección (sólo superada por la de Brugalla) se conserva en la Imprenta Municipal de Madrid. Esta fue una de las buenas decisiones que tomó en su vida. Otra de ellas fue abrir su propia escuela de encuadernación. Ahí se han formado unas cuantas generaciones de buenos encuadernadores, que hoy en día siguen compartiendo sus enseñanzas. He recibido clases de encuadernación de diferentes maestros, y de vez en cuando distingo a los que proceden de Palomino por ciertos "trucos" y costumbres, que siguen todos ellos. Porque todo artesano siempre ha compartido sus conocimientos, pero la costumbre a lo largo de los siglos fue hacerlo en petit comité, sólo para los de tu taller.
Antolin Palomino
Papel al engrudo de Palomino
Antolin Palomino
Otro papel al engrudo de Palomino
 Otra costumbre muy de artesano a la vieja usanza era guardarse un par de conocimientos en secreto: la "marca de la casa", lo que les distinguía del resto. En el caso de Palomino eran los papeles que hacía a mano. Para pintar esos papeles, Palomino se escondía, no le gustaba que hubiera gente alrededor, lo que confería al resultado de una especie de aura mágica. Como si se tratara de un truco de magia, que parece increíble cuando lo ves por primera vez, y algo vulgar y corriente si conoces la forma real de hacerse. Él se guardaba ese secreto, y durante mucho tiempo tuvieron renombre los papeles de Palomino. Hoy en día, sin embargo, cualquiera que entienda un poco al respecto, sabe que eran unos papeles pintados al engrudo, al que se le quitaba el color con cartones y maderas, y otros pintados "al agua", con gasolina. Tampoco eran papeles muy buenos, vistos desde la perspectiva de hoy en día, y no usaba demasiadas técnicas.
Antolin Palomino
Papel al engrudo de Palomino,
que él tituló "Tulipanes"
Antolin Palomino
Papel al engrudo de Palomino,
que él tituló "Trigo"
En 1990 se publicó un libro titulado "Mis papeles pintados", donde se mostraban papeles que Palomino había expuesto en el Centro Cultural de Conde Duque. Fue una edición de lujo, de tirada limitada, que aún hoy en día se vende por 180€ mínimo. No era, sin embargo, un libro de enseñanza, sino de orgullo, simple muestra de su trabajo.
Antolin Palomino
Guarda de papel al engrudo
del libro de Palacio Real
Antolin Palomino
Guarda decorada del
mismo libro
Y ahí yo me cuestiono: ¿realmente merece la pena no compartir las técnicas que utilizas a la hora de realizar tu arte? Si tu pensamiento es el de un artesano, entonces sí, porque estaremos repitiendo una técnica, por lo que cualquier otro puede hacer lo mismo que nosotros, y quitarnos el trabajo. Ahora bien, si nuestro pensamiento es el de un artista, no todos teniendo la misma técnica lograremos los mismos resultados, por lo que se conozca cómo trabajamos no será un problema. ¿Y qué si te imitan? Si tú has innovado ese aspecto que repiten, entonces te están intentando emular a ti, y no es un problema mientras que se sepa de dónde procede. Imagínate que otro llega por otro camino a esa misma técnica y, en su caso, decide compartirla ya sea escribiendo un libro o dando clases, ¿no te morirás de mil resquemores porque nadie ya sabrá jamás que tú fuiste el primero en llegar hasta ahí? ¿De qué te sirvió tanta ocultación? ¿Quién se acordará de ti en dos décadas?
No creo que Palomino pasará a la historia por sus papeles pintados, por mucho que él les pusiera nombres como si se tratara de cuadros, y en su momento tuvieron renombre. La técnica era conocida, no había inventado nada nuevo, ni tampoco se esforzó mucho en su realización. Sin embargo, sus técnicas de dorado y mosaico, que compartió en su taller, siguen siendo utilizadas por muchos encuadernadores. Obviamente me decanto por esta segunda opción. Estoy a favor de compartir el conocimiento, eso sí siempre respetando su procedencia, e intentando innovar para aportar tu granito de arena para las siguientes generaciones.
P.D: Un año después de escribir esta entrada, he puesto a vuestra disposición mi primer curso online de papeles al engrudo. Pincha en la imagen  si quieres descubrir mis trucos y conocimientos:



4 comentarios:

  1. Thanks so much! Y perdona por no tener los escritos traducidos al inglés. :)

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  2. Si no le conocias no hables de el .Mi padre estuvo el ayuntamiento y habla maravillas de el como todos lo que le rodeaban...
    Decir que era prepotente y falta de humildad ,es difamar a alguien porque sí

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  3. Hola, Anónimo. Piensa que tú, también, tienes una buena imagen de esa persona porque tu padre te habló bien de él. A las personas nos afecta lo que nos cuentan nuestras personas queridas. En mi caso es lo mismo, pero al contrario. Yo hablo porque personas cercanas a mí estudiaron con él y tuvieron otra visión distinta a tu padre. Además, he leído libros y entrevistas donde habla, y lo que me transmite es lo que cuento. Me alegro de que tu padre estuviera encantado con él como profesor. No es la sensación que tuvieron todos sus alumnos

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